Ayer era tarde y hoy pasa rápido. Espavila. Que la vida no se para sabes? Y menos por nuestras pequeñeces. No sé cuanto te han hecho sufrir. No sé quien ni cuanto te han decepcionado. Igual eres como yo, que etiqueto lo que me rodea constantemente. Para saber qué, cómo, cuánto. Para no llevarme una sorpresa. Para asegurarme la reacción. Por si acaso. Y luego pasa el "Y si?". Y si funciona? Y si mola?
Nos frenamos tanto que es.. ridículo en cierto punto. Al final del día todo va de si nos hemos tirado a la piscina o no. Si nos hemos parado a deleitarnos con el sol de invierno o de si por el contrario hemos agriado con nuestro pesimismo todo lo que nos podían ofrecer hoy. Las expectativas, no molan. Nada. Es mejor estar dispuestos a dejar que nos sorprendan. Y nos sorprenderán, creéme. Y a veces lo harán a mal. Y te querrás bajar del tren. Pero si te crees que por eso no hay que volver a subir. Apaga el mundo y vámonos, porque no vale la pena vivir esa vida muerta.
Nos perdemos lo que es hacer felices a los demás. Y nos perdemos el estar un ratito a solas y dejar volar todo. Para reordenarnos. Y volver a tomar el rumbo.
Pero vaya, que no te estoy contando nada nuevo. Que tenemos que coger las riendas y echarle un par, porque yo por tí no puedo hacerlo. Solo puedes TÚ.
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